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  • En la obra de Cuadra una familia campesina confronta

    2019-04-18

    En la obra de Cuadra, una familia campesina confronta trágicamente la guerra civil entre conservadores y liberales. Víctimas pasivas de las élites y no actores políticos, estos campesinos ven cómo los principios familiares tradicionales y del minifundio son desarticulados por la guerra y el abuso de la ley, personificada en un abogado, miembro del partido liberal, símbolo de la legalidad “moderna” que intenta una especie de secularización corrupta. El gobierno conservadortrae la ilusión de protección estatal, o de reconocimiento mutuo entre Estado y campesino. Margarito, joven campesino, hijo de Sebastiano, llega wnt signaling pathway ser teniente del ejército, como alusión e ilusión de legalidad oligárquica paternalista. Ante la imposibilidad de participar del bienestar esperado, el otro hijo de Sebastiano, Pancho, se alza a favor del partido liberal y en contra del gobierno. Cuando interviene Estados Unidos, surge en Sebastiano y Juana, su mujer, la ilusión de que éstos impondrán el orden. Sin embargo, un soldado norteamericano viola a Soledad, la hija. La tragedia se agudiza cuando Sebastiano mata al abogado, que con astucias quería robarles su tierra. De esa manera, Sebastiano queda fuera de la ley, y recibe el rechazo social, en una probable codificación peyorativa de una rebelión autónoma. Sin embargo, el elemento ideológico fundamental de la obra es enunciado por el inicial rechazo que hace Sebastiano del hijo que va a tener Soledad, fruto de la violación del norteamericano, que luego lo lleva a una epifanía esencial. Sebastiano reconoce en el niño que va a nacer una representación del hombre nuevo, quien debe ser separado de la historia de violencia. La representación del sujeto subalterno acata así el deseo intelectual vanguardista de superar la historia: “Que no conozca su historia, que no sepa nada[…]”. Este rechazo y olvido de la historia posibilitará el nacimiento de una nueva política. El contexto cercano de “pacificación”, impuesto por la dictadura de Somoza luego de la destrucción de la lucha sandinista (1926-1934), lleva a pensar en la relación entre dictadura, dictador, hombre nuevo y nueva historia como indicativa de la concepción de la historia que tenían los vanguardistas. Esta fue desplegada, fundamentalmente, por José Coronel Urtecho, quien propuso entender la historia nacional como una conversación entre las élites liberales y conservadoras, aunque originalmente la fractura política bipartidista llevó a keratinocytes los vanguardistas a proclamar la necesidad de un dictador, el cual encarnó en Somoza. Tanto la dictadura, que los vanguardistas apoyaron, como el nacimiento del hijo de Soledad en la obra de Cuadra, son productos sociales “nuevos” que pondrán el relato de la historia nacional más allá de la guerra civil, es decir, del conflicto permanente entre liberales y conservadores. Este tránsito implicaba desplazar cualquier autonomía política de los campesinos, los cuales, además, eran definidos en la obra de teatro como sensibilidad (no sujetos) de una nueva política. La obra de Cuadra supera, por supuesto, un repertorio meramente literario para articular una postura intelectual en que se conceptúa la historia (nacional) de forma ideológica, estableciendo una intervención que crea otros discursos y textos. A partir de posturas como las de Cuadra, y el uso de conceptos como el de “campesino” y “guerra civil”, se puede acomodar toda una serie de sucesos históricos bajo una misma perspectiva centralizadora, incluyendo el levantamiento campesino de la “contra” en los años ochenta. Por ejemplo, esta perspectiva parece haber modelado la visión que tuvieron ciertos líderes opositores al sandinismo y devenidos en líderes del campesino alzado en la contrarrevolución. En su descripción de la lucha de los “contras”, Jaime Morales Carazo advierte varios enigmas que ilustran la tensión con la representatividad nacional, refiriéndose a “la inquietante ausencia de una ideología” que convocó a los campesinos contrarrevolucionarios, la fragmentación y la distancia entre combatientes y dirigentes. El autor cree, sin embargo, en una especie de nacionalismo natural en los campesinos “contras”, que por razones de interés político extranjero no fue debidamente expresado.