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  • Cuando Gonzalo Pizarro se alz en el

    2019-04-28

    Cuando Gonzalo Pizarro se alzó en el Perú, nunca mostró intenciones de romper los vínculos que lo unían order EPI-001 su rey, por mucho que su plan fuese establecer una monarquía, autónoma de la castellana, que gobernaría el territorio. En las misivas que envió al monarca, Pizarro confirmaba su obediencia y adhesión al poder real y sólo denunciaba la injusticia de las Leyes Nuevas, que eran lesivas de los legítimos intereses de los encomenderos. Pero no existía algún asomo de que intentara “independizarse” o “desnaturarse”, según la expresión jurídica vigente. Garcilaso de la Vega corroboraba en sus Comentarios reales que Gonzalo Pizarro no deseaba emancipar al Perú “porque el respeto natural que a su príncipe tenía pudo más en él que la persuasión de sus amigos”. Hoy las monarquías han perdido su aura sacralizada, pero en aquella época, uno de los actos más graves que podía concebir la sociedad era el rompimiento de la fidelidad al monarca. Por tanto, la rebelión pizarrista fracasó precisamente por no haber comprendido el sentir de los súbditos españoles a los que deseaba integrar a sus fines. El respeto a la imagen del soberano era un deber supremo y un valor compartido por la comunidad, así que no muchos se dejaban arrastrar a la vorágine de una rebelión. Hacerlo no sólo suponía la pérdida del favor de su señor y arrostrar la “ira del rey”, sino también echarse encima el baldón de traidores que rompían el vínculo de vasallaje, lazo consagrado por las antiquísimas Partidas. Además, toda vez que se asumía que el poder del rey emanaba de Dios, quien lo desafiara se transformaba también en un doble transgresor, es decir, que el quebrantamiento era tanto de orden civil (delito), como espiritual (pecado). Empero, en la madrugada del 22 de mayo de 1561, Aguirre tomó la decisión de dar muerte al insípido “rey” Fernando de Guzmán, pues se había enterado de los tratos que tuvo con sus capitanes para traicionarlo. La eliminación de Guzmán derivó en otros cauces. Aguirre descartó en adelante el establecimiento de un reino paralelo y se decidió a competitive release asumir personalmente el control de la expedición, a cuyos efectos se autodenominó “Fuerte caudillo de los Marañones”. En su nuevo proyecto, los conquistadores —ahora organizados en un tipo de “república” o cuerpo político a cargo de un jefe— serían los encargados de todo. El virreinato sería “reconquistado” y escindido de Castilla para que lo gobernaran los “desposeídos”, como el propio Aguirre. Todos participarían activa y proporcionalmente en el reparto de las riquezas de un territorio que sería “reconquistado” por ellos.
    LOS MOTIVOS DE AGUIRRE: CONTRAIMAGEN DEL MUNDO A esta altura de sus proyectos, Aguirre se dedicó afanosamente en poner por escrito los motivos de su rebelión y a manifestar sus intenciones de “desnaturamiento”, lo que hizo en tres cartas sucesivas. La primera, del 8 de agosto de 1561, fue escrita en la isla de la Margarita, luego de enterarse de la deserción de varios de sus “marañones” que habían sido comisionados para apoderarse de un navío del provincial dominico fray Francisco de Montesinos, así que la misiva la dirigía al prelado y a los fugitivos que se habían puesto bajo su amparo. En sus líneas refuta que él y sus leales puedan ser considerados traidores, explica a Montesinos las razones de su alzamiento y le exhorta a pasarse a su bando y en cuanto a los renegados que lo habían abandonado, les recuerda que son culpables de una doble traición: el asesinato de Ursúa y el juramento al “príncipe” Guzmán, por lo que no alcanzarían jamás el perdón real. Y de paso se expresa burlonamente de que “a los traidores Dios les dará la pena y a los leales el rey resucitará. Aunque hasta ahora no veo ninguno resucitado; el rey ni sana heridas ni da vidas”. Y, finalmente, convencido de que no había vuelta atrás ni salida posible, cierra su texto con la expresión: “César o nihil”, lo que claramente daba a entender que o triunfaba en su intento o sucumbiría en él.