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    2019-05-13

    Recogiendo en el capítulo siguiente del libro (“La fenomenología del instante en ”, 147–161) lo que al final del anterior ha dicho sobre , Escalante propone, partiendo de la distinción entre descripción fenomenológica e interpretación, puesta, empero, en tela de juicio por Heidegger (148), que el “núcelo de sentido” del poema es la experiencia del tiempo, y más específicamente del instante (149). Para Escalante, no existe en la certidumbre de una superación de la indetenible sucesión temporal por la idea de la ciclicidad del tiempo, sostenida por gran parte de la crítica. Al contrario, considera que el poema, que al final retoma los seis primeros versos del principio, concluye, en realidad, con un espacio en blanco, “abierto una y otra vez jak inhibitor la interpretación del lector” (161), por lo cual podría decirse que le quita al texto los fundamentos de una fijable. El último capítulo del libro (“El entramado final: De a ”, 163–177), enlaza con la temática del anterior. Destaca Escalante que el poema colectivo dedicado a André Breton y publicado por primera vez en 1971 por la casa parisina Gallimard, pone en entredicho “la noción de autor” (167). Empero seis años después de la experiencia de —el poema colectivo, de tradición japonesa, se escribió en 1969 entre Octavio Paz, Jacques Roubaud, Edoardo Sanguineti y Charles Tomlinson— Paz publica (1975, primera versión), el que parece marcar, tanto por su contenido autobiográfico como por su búsqueda de la expresión precisa, una renuncia a la idea barthesiana de la muerte del autor y la dispersión ilimitada de los significados. No obstante, en una interpretación audaz, la que por su densidad tampoco es posible resumir aquí, Escalante establece un vínculo entre y el poema extenso de Su interpretación significa el punto culminante del libro, a la cual solo me permito agregar que la idea del “estar tercero: / el ser sin ser, la plenitud vacía” en remite (también) al concepto de de Nagarjuna, ya concretado por Paz en los En el “Prefacio” (7–9), Escalante aclara el título polisémico de su libro. Según él, “las sendas perdidas de Octavio Paz” connotan (entre otros significados) “el espíritu de una época, rica y convulsionada, que no sabemos si habrá de regresar” (9). Remite además, como explica Escalante, al título de los de Heidegger, una importantísima colección de ensayos del filósofo alemán, publicada en 1950. A mi modo de ver, ninguna de las traducciones aducidas por Escalante (la mejor en lengua española es de Helena Cortés y Arturo Leyte) agotan el potencial semántico del título original, que, en un estrato más profundo significa los caminos aparentemente iguales en el bosque. Casi siempre, estos caminos terminan, de forma abrupta, en lo intransitado, es decir, parecen llevar a reverse transcriptase ninguna parte (de ahí la expresión alemana “auf dem Holzwege sein”), pero, en realidad, a pesar de curvarse, avanzar y retroceder, estos caminos “llegan siempre” (, v. 590). Esto es, como observa Heidegger, lo que saben los leñadores y guardabosques, y lo que también sabe Escalante, quien con gran maestría proporciona, por “caminos de bosque”, un entendimiento nuevo e innovador de la obra de Octavio Paz.
    Plural es la culminación de una larga investigación que John King inició en los años ochenta en los archivos personales de Octavio Paz relacionados con la revista El proyecto de una revista de crítica, literatura y política tiene un largo árbol genealógico que inicia con y junto con el suplemento del periódico y la La revista argentina sería una especie de pariente lejano y los intentos de que dirigió Rodríguez Monegal, y el semanario fueron algo así como primos hermanos. Naturalmente, el ambiente político y cultural mexicano posterior a la matanza de Tlatelolco y el halconazo del Jueves de Corpus fueron el contexto social para publicar una revista que apoyara el arte vanguardista, la crítica del totalitarismo soviético y el autoritarismo priísta, que, como sabemos, provocó un golpe de Estado que acabó con la dirección de Julio Scherer en y le dio un golpe mortal a la dirección de Octavio Paz en después surgiría como una continuación de aquella.