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    2019-05-31

    La elección de estos poemas solo explica mi gusto por los poemas ambiciosos. Además, ellos validan una obsesión: el viaje. De cierta manera uno es el espejo del otro; no se reflejan, pero sus contrastes remiten GSK-923295 cost la pluralidad de la experiencia lectora. A estas consideraciones estéticas habría que añadir otra circunstancia: el número de testimonios que logré establecer para dar fiabilidad a la investigación. “Variaciones…” se ha recogido en algunas compilaciones como Poesía completa (1996); por su parte, la renovación textual y lingüística de “Semana…” podrían aclarar el atractivo de este poema, seleccionado —todo o de forma fragmentaria— en las antologías más importantes editadas en México en el siglo xx.
    Descripción de “Variaciones sobre un tema de viaje” y “Semana holandesa” “Variaciones…” es un poema de 234 versos, su manuscrito no presenta dificultades de lectura, aunque faltan varios tercetos. Lo mismo sucede con “Semana…”, poema menos extenso que “Variaciones…”; su manuscrito —que consta de 102 versos— es claro, legible, pero está incompleto. Sin embargo, esto no atenúa su importancia, pues ambos son fundamentales para la exégesis de la poesía de Carlos Pellicer. “Variaciones…” ha sido poco antologado debido a su longitud. “Semana…” presenta dificultad semejante, lo que ha motivado que en compilaciones como Laurel. Antología de la poesía moderna en lengua española (1941) y , apenas aparezca algún fragmento publicado de los siete que lo conforman. Así que para resolver este problema en el análisis de las fuentes y establecer el texto, ha sido preciso adoptar la edición príncipe de Hora y 20. En ambos poemas se amplifica la experiencia del primer viaje que Pellicer hizo a Europa —octubre de 1925 a agosto de 1929. La salida, cuya primera etapa fue Francia, pretendía ser rápida, pero duró más de lo esperado. En el verano de 1926, Pellicer había pasado por Holanda; luego se reuniría con José Vasconcelos, con quien ya había visitado Suramérica en 1922, y los dos irían a Italia, Egipto, Palestina y Tierra Santa. “Variaciones…” es un texto complejo, pergeñado con 78 tercetos, 234 versos en total: 221 endecasílabos con rima asonante; 7 hepta-sílabos: “del último pañuelo” (v. 19), “sobre un litro de sol” (v. 90), “se cruzaba de pájaros” (v. 144), “y un solo pensamiento” (v. 152), “Sangre augusta, la heroica” (v. 184), “El Vía Crucis fecundo” (v. 196), “eterna del Señor” (v. 213); 5 alejandrinos: “mezquina y ambiciosa. Y en buena sombra pude” (v. 161), “en que nubló Bolívar sus postreras mañanas” (v. 180), “a mí como altos trenes sobre pequeñas cosas” (v. 192), “a orillas de mis manos atropelló sus grupos” (v. 198), “el universo igual que en sus estrellas rotas” (v. 232); y un tetrasílabo: “Desos días” (v. 148). No cabe duda de que la práctica escritural de Pellicer se despliega por el efecto de esta variedad métrica, que en el encabalgamiento de los versos, amplía y enriquece su poema. “Variaciones…” acude a Primary cells dos referentes. Por una parte está arraigado en la imagen del viajero por antonomasia, Odiseo; de ahí que la mención de islas, dioses, eventos, remita a las aventuras del héroe griego en su retorno a Ítaca. No sorprende, entonces, que el mismo año de la publicación de Hora y 20 en Francia, aparezca en México el primer número de Ulises (mayo, 1927), revista de Xavier Villaurrutia y Salvador Novo. De hecho, en una carta de la época, Villaurrutia solicita a Pellicer una colaboración para esa revista, y añade este juicio sobre Hora y 20: “Muy bien tu libro. ¡Qué semana holandesa! y cuántas cosas más” (Morales Lara: 293). El entusiasmo tal vez se debiera, sobre todo, a la admiración de Villaurrutia por los experimentos vanguardistas, tan audaces en el texto holandés de Pellicer, y que él mismo autenticaría en Nostalgia de la muerte (1931). Para la generación de los Contemporáneos, que era la de Pellicer, ya incluido en ese grupo desde la conferencia que pronunció Villaurrutia en 1924 (“La poesía de los jóvenes de México”), el protagonista homérico tenía valor soberano; la mención de su nombre, el recuerdo de su actitud engañosa y al mismo tiempo viril ante las circunstancias adversas, eran signos para conjurar la apatía e incluso la aversión de cierta parte de los intelectuales mexicanos, que los acusaban de promover una estética antinacionalista y de encumbrar valores afeminados.