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  • No hace falta recordar que esta escena de amenazas falta

    2019-06-06

    No hace falta recordar que esta escena de amenazas, falta de respeto y robos, está lo suficientemente cerca de la realidad fenoménica como para ser reconocido por cualquier ciudadano/a mexicano/a. Estar cerca no significa que las novelas de Mendoza reflejen la realidad, ello sería imposible para cualquier entidad semiótica. La teoría pictórica de la verdad del lenguaje, tal y como quedó expuesta por Wittgenstein (1922) en el Tractatus, ignora el hecho fundamental de que todo signo es en su misma constitución una metáfora de la cosa que describe. Lo que se pretende apuntar con ese “estar cerca” es que la narrativa de Mendoza apunta hacia ese agujero de lo real (Lacan) que representa la violencia. En una entrevista publicada en 2008, el mismo Élmer Mendoza habla de esa violencia en los siguientes términos: “Mi teoría sobre esto es que methane monooxygenase hay una violencia tradicional […] Es una violencia que escapa methane monooxygenase las drogas que es… Prolija sicarios diferentes los colombianos que matan con balas rezadas, que van y se encomiendan a Dios pero luego son cruelísimos a la hora de matar. Es como una ultraviolencia” (Rey Pereira: 338). En esa misma entrevista habla de México como de un “estado de excepción emocional”. El entrevistador de Mendoza le hace notar que Cóbraselo caro es una novela diferente a las anteriores (339), y está en lo cierto, aunque no por las razones que dan ni él ni el propio Mendoza. Este asegura que para la construcción del personaje de Nicolás Pureco se basó en algunas personas reales que, siendo mexicanos de origen y habiendo vivido en Estados Unidos vendieron todas las empresas que poseían en este país y volvieron a su lugar de origen. En este argumento se basa Mendoza para afirmar que la intención de Cóbraselo caro era “hacer una parábola del regreso total” (341). Nadie puede negar que esta novela cuenta la historia de un regreso, pero su silogismo va en otra dirección por mucho que Mendoza pueda no ser consciente de ello. Aclarémoslo: Cc plantea un silogismo consistente en bucear en las raíces de la violencia mexicana, representada por Pedro Páramo, y tratar de lavarla a través de unos huesos ya limpios que se han desecho de la maldad y del rencor. El uso del mito prehispánico de los huesos que se convierten en piedras, y la reconstrucción que lleva a cabo Pureco funcionan como la alegoría de un deseo espeluznante de desprenderse de una violencia atávica que se manifiesta en toda su crueldad en la realidad mexicana actual. La violencia posmoderna (Zizek 2004) va hasta el fondo de dicha violencia atávica en un acto de desesperación narrativa con el fin de ejercer un lavado de una mancha patente. En la novela que estamos analizando hay varios pasajes que prueban lo que acabo de argumentar a propósito de su silogismo fundamental. Un personaje apodado “el indio” le dice a Nicolás lo siguiente acerca de Pedro Páramo: “es la más viva tentación humana de poder absoluto” (Mendoza 2005: 37). Y una mujer que le refiere que los restos de Pedro Páramo se encuentran en Baimena, dice: “Hizo mucho daño y nadie lo quería […] No le pusimos cruz porque queríamos borrar su nombre” (71–72). Estas frases, breves, como dichas de paso por personajes secundarios, son fundamentales para entender el silogismo de esta novela. Indican que Pedro Páramo representó el intento fascista y caciquil de tener el poder absoluto y de ponerse en el lugar de un dios demoníaco hacedor del mal; dan a entender todo el daño que causó, tanto que nadie le quería y lo que más deseaban era borrar su nombre de la faz de la tierra. La forma en que Mendoza proyecta sobre el presente el mito prehispánico de los huesos que al convertirse en piedras adquieren un poder curativo, reescribiéndolo, dando lugar a la reconstrucción del esquele-to-piedra de Pedro Páramo, tiene el sentido del deseo desesperado de una limpieza y una curación de una sociedad en estado terminal. Ese es el silogismo que genera y estructura toda la trama narrativa de Cóbraselo caro. En tanto alegoría tiene el problema de prestarse a interpretaciones de toda índole, incluida la que doy aquí, sobre todo porque como tal supone una reflexión acerca del resto de las novelas del mismo autor.